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La administración federal desde que empezó a ver que el escenario de la pandemia se estaba saliendo de control, involucró a las entidades federativas y los volvió corresponsables de los colores del semáforo epidemiológico, éstos iniciaron colocando y disfrazando cifras como les convenía políticamente y económicamente para que el estado que representan, no colapsara, en Oaxaca las consecuencias han sido catastróficas, pues en esta semana el número de contagios han sido récord histórico en la entidad.

El Gobierno del Estado de Oaxaca, representado por Alejandro Murat Hinojosa, inició con cifras alegres, posteriormente las agudizó al ver que empezaba el incremento de contagios, las autoridades restringieron la movilidad en espacios públicos, sin embargo, en poco tiempo, se doblegó ante la presión de los empresarios y sectores económicos (incluyendo ambulantaje) que reclamaban apoyos para subsistir ante el cierre obligado del comercio.

El pésimo manejo de la crisis generada por la pandemia y la falta de autoridad por parte del gobierno municipal y estatal ha llegado a límites jamás pensados, como la instalación de ferias, berbenas y ambulantes en el zócalo de la capital oaxaqueña, poniendo en riesgo a la comunidad infantil de la entidad.

La Secretaria de Salud del estado de Oaxaca, designada por el gobernador a pesar de que financieramente depende de la federación, se encuentra en una de las crisis más relevantes a nivel nacional por la pandemia, está dirigida por un maestro en administración, cuyo único mérito es ser amigo del gobernador. Donato Augusto Casas Escamilla, tras un pésimo manejo de la pandemia, se va como diputado federal plurinominal, como premio a su ineptitud y para cubrirlo con el fuero politico que cuentan los legisladores.

No es malo que la dependencia sea representada por un maestro en administración, más cuando existe un déficit en la dependencia, donde los trabajadores de los diferentes sindicatos al interior exigen prestaciones, bonos de productividad, entre otras cosas, por las circunstancias epidemiológicas, pero en momentos críticos del coronavirus se requieren médicos y se deben de tomar acciones enérgicas para disminuir la ruta de trasmisión, no esperar que lo haga el Gobierno Federal todo porque ellos tienen su propia agenda política.

No es momento de solo un cubrebocas, de la sana distancia, tapetes sanitizantes, lavado constante de manos, la movilidad se incrementó sustancialmente en esta fiestas decembrinas y el Gobierno de Murat no se ha pronunciado por el incremento drástico, al contrario el gobernador se ausentó, para irse de vacaciones y cuando regresó a la entidad oaxaqueña, dio positivo a COVID, de igualados algunos funcionarios y diputados también dijeron estar contagiados, como el caso de Alejandro Avilés quien después de anunciar su contagio, se le vio chupando unos whiskys en un restaurante de lujo en el norte de la capital.

Hoy los hospitales se encuentran saturados, el oxígeno escaso y super caro, sin que Lourdes Santiago, titular de la Profeco supervise los abusos que se registran por la demanda, la oferta, la necesidad y la urgencia, instituciones ausentes, de funcionarios improvisados y como resultado un caos y pánico en Oaxaca por la pandemia.

Las barras y colegios de abogados en el estado han exigido al gobernador Alejandro Murat, reducir la movilidad y tomar una serie de medidas preventivas, sin que el mandatario escuche tampoco las suplicas del personal médico, que manifiesta ya estar cansado y agotado por tantos casos registrados.

El gobernador Alejandro Murat se achicó ante los sectores que reclamaban apoyos y prefirió refugiarse y hacerse invisible en un estado donde las cifras por contagios crecen debido a su ineptitud y lo improvisado de su gobierno de cuates, que solo llegaron para saquear lo poco que dejaron sus antecesores y quienes despachan desde la Ciudad de Mexico o vía telefónica desde la comodidad de sus casas.

No todo está perdido para el cachorro que ha gobernado bajo la sombra de su papá y el mandil del hogar, pues un golpe de timón en el cambio del semáforo epidemiológico a rojo y la restricción en la movilidad salvaría su mediocre administración y la vida de muchos oaxaqueños.

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